Kiwi by Valerie Santibañez on Flickr.
El adiós que no sabré decir
No entiendo por qué todavía nos hablamos, si hasta siento que nos odiamos. No entiendo por qué todavía nos vemos, si hemos dejado de creer. Cada vez los resentimientos son más grandes, vamos a arreglar las cosas decimos, y siempre terminamos en el mismo lugar: una cama. Yo culpable. El humillado. No sé hasta donde llegaremos hasta que vernos a los ojos sea imposible, desagradable, decepcionante.
No hablamos, solo señalamos culpas, lo que dejaste de hacer, lo que hiciste, lo que pudiste haber hecho. Me repito lo mismo una y otra vez: quiero terminar con esto, no quiero más lágrimas, no quiero más dolores de cabeza, no quiero más “hablemos sobre lo que pasó”. Solo quiero estar en paz. Sin embargo, no puedo decir basta, no puede dejar de importarme lo que pase. Quizá el se encuentre igual…o peor. Quizá no piense en ello para no desgastar su mente así como lo hago yo.
No quiero odiarlo. No quiero que acabe de manera mezquina lo que comenzó tan inocentemente. No quiero vivir una vida llena de resentimientos porque no pudo amarme como quise. No quisiera dejarlo ir pero aún si tengo que hacerlo, prefiero recordar las miradas pícaras, las risas, los libros, la música, y no las palabras cortantes, los silencios incómodos, y arrepentimientos.
Quiero amarlo. Y recordarnos amándonos.








